Cuando entré en la sala de la Fundación Fyde de CajaCanarias pensaba que iba a ser una charla de estas típicas de coaching que se centran en medidas casi milagrosas sobre cómo encauzar tu vida. Sin embargo, una música animada y la imagen de un hombre bajando y corriendo por las escaleras con balón de baloncesto en mano, me borraron de sopetón todo lo que estaba imaginando.